LA SUCESIÓN: VEGETACIÓN PRIMITIVA, VEGETACIÓN ACTUAL Y VEGETACIÓN POTENCIAL

Existen suficientes datos como para afirmar que, en general, la superficie de la comarca de Bages actualmente cubierta por vegetación espontánea ha sido fuertemente alterada por el hombre durante siglos. La mayor parte de esta superficie estaba ocupada por cultivos (viñedos, olivares, almendros...) a finales del siglo XIX , tal como atestiguan las fotografías antiguas y la presencia de bancales y barracas. El área cubierta por vegetación espontánea probablemente alcanzó su mínimo histórico durante la última década del siglo XIX, cuando llegó la plaga de la filoxera (1892) que asoló los viñedos. Por aquel entonces, el cultivo de la viña había llegado a su máxima expansión en el Bages debido a la gran demanda de vino en el mercado internacional a consecuencia de la caída brusca de la producción en las zonas dónde la plaga ya había llegado.

Los incendios forestales descubren un paisaje agrícola antiguo de bancales, canales de desagüe y barracas que se mantenía escondido bajo la cubierta arbórea. Las fotos corresponden a un mismo lugar del valle de Santa Creu (el Pont de Vilomara i Rocafort), la de la izquierda tomada en febrero del 1986 y la de la derecha en abril del 2000.

Actualmente, las comunidades vegetales no son, en general, las que corresponden a la vegetación primitiva que existía antes de la fuerte intervención humana, sinó que se encuentran en diferentes fases de la sucesión secundaria que conduce a la vegetación potencial -la que existiría sin intervención humana durante muchos años.

Esquema de la sucesión de la vegetación

Estudiando la sucesión de comunidades vegetales que tiene lugar a lo largo del tiempo en campos de cultivo abandonados y en otros espacios alterados, y teniendo en cuenta las características de la vegetación que cubre las escasas áreas que han sido históricamente poco alteradas, se puede tener una cierta idea de la vegetación potencial de una zona determinada.

Robles (de color marrón rojizo en invierno) y encinas creciendo a la sombra de pinos carrascos en el bosque de la Sala (Sallent). La situación inversa nunca se da. Si no se producen perturbaciones, tarde o temprano robles y encinas dominarán el bosque.

Se cree que en la mayor parte del Bages, en las vertientes sur o solanas, el árbol dominante sería la encina; en las vertientes de exposición intermedia (que no miran ni al norte ni al sur) y zonas planas encontraríamos un bosque mixto de encinas y robles (en las zonas rocosas probablemente dominarían las encinas y en las zonas con suelo profundo probablemente dominarían los robles); en las vertientes norte o umbrías, los robles dominarían claramente y, a ambos lados de los ríos, creciendo sobre los fértiles aluviones de nivel freático poco profundo, encontraríamos un bosque de ribera lujurioso en el cual dominarían los álamos, los fresnos y los olmos. La mayor parte del territorio estaría cubierta por los citados bosques, pero probablemente encontraríamos claros de monte bajo en rocas soleadas mientras que, en los suelos inundados de las riberas de los ríos, dominaría el carrizal. En el Moianès, con un clima más húmedo, seguramente los robles dominarían sobre las encinas.

Esquema de la vegetación potencial y actual en un vall del Bages
Esquema de la distribución de encinas y robles en la vegetación potencial

La mayor parte de la vegetación espontánea actual tiene su origen en la propagación de las plantas que la constituyen desde los escasos refugios o islas que la agricultura les dejó (principalmente en zonas rocosas, a menudo con fuerte pendiente) hacia los campos de cultivo abandonados a partir de finales del siglo XIX. En la escala temporal de un bosque, un centenar de años, el período transcurrido desde el abandono del cultivo, es un tiempo relativamente corto. Por tanto, no es de extrañar que en las islas referidas más arriba se encuentren muchas plantas que escasean en el resto del territorio. En este proceso de recolonización tienen gran importancia los animales como agentes diseminadores de muchas semillas.

En la flora de una zona concreta tienen tanta importancia los factores ambientales físicos y químicos como la dificultad de llegada de semillas de las distintas especies potencialmente aptas para el lugar. El hecho de que unas determinadas semillas hayan o no llegado está directamente relacionado con la abundancia en una área más extensa de individuos progenitores, lo que, a su vez, está inversamente relacionado con el impacto negativo de la actividad humana sobre estas especies. Como ejemplo podemos tomar el caso de las umbrías del valle del río Calders, en donde abundan el arce menor, el pino negral y el pino albar, pero que no llegan a tener la diversidad arbórea de las umbrías ambientalmente similares del Turó de les Tres Creus y del Cogulló de Cal Torre, en el municipio cercano de Rajadell, en las que además se encuentran el acebo, el acirón, el mostajo y el sorbo silvestre. La explicación más probable es que, en alguna época anterior, la actividad humana causó en el término municipal de Calders la extinción de todas o de algunas de las especies de árboles que se encuentran en Rajadell pero no en Calders.

A menudo en el Bages, igual como en gran parte de Catalunya, la idea de bosque se asocia con la idea de pinar. En nuestra comarca, pero, sin la intervención humana los pinos probablemente sólo dominarían sobre los peores suelos. La mayoría de los pinares del Bages han crecido a partir de cultivos abandonados, dónde el bosque primigenio fue arrancado siglos atrás. El pino carrasco, el pino negral y el pino albar, por este orden, son ahora tan abundantes por sus pocas exigencias respecto a la calidad del suelo, por su gran capacidad de dispersión y por su crecimiento relativamente rápido. El pino carrasco, además, es un árbol tolerante a la sequía, lo cual lo convierte en el colonizador más eficaz entre los árboles del Bages. La expansión de los pinares también ha sido favorecida directamente, por una parte plantando pinos y por otra disminuyéndoles la competencia al desbrozar toda planta leñosa que se encontrara debajo.

LAS PERTURBACIONES

La sucesión de la vegetación actual hacia la vegetación potencial a menudo se interrumpe o retrocede debido a perturbaciones diversas, ya sean esporádicas o constantes, por motivos naturales o por acciones del hombre.

Los incendios forestales (tratados en un capítulo particular) han sido durante los últimos decenios la perturbación de mayor alcance en los bosques del Bages, aunque no la única.

De todos es conocida la proverbial variabilidad de nuestro clima mediterráneo, especialmente con respecto a las lluvias. Las situaciones meteorológicas extremas, precisamente por no ser norma del clima mediterráneo benigno, cuando se producen suelen ocasionar daños considerables a la vegetación.

La ola de frío de enero de 1985 influyó, aunque mínimamente, en el proceso de sucesión al matar algunos pinos carrascos, en especial en las hondonadas. En el caso de esta especie, su efecto fue similar al de una tala selectiva. En el caso de varias especies termófilas con capacidad para retoñar (olivos, madroños, lentiscos...), el frío mató su parte aérea, pero no la subterránea.

La sequía de 1994 (en el periodo comprendido entre marzo y agosto llovió en Manresa alrededor de la tercera parte de lo que es habitual), aparte de estar directamente relacionada con los grandes incendios, produjo cambios en la vegetación de las áreas con poco grosor de suelo de Montserrat y de Sant Llorenç del Munt i l'Obac. Muchas encinas perdieron parte de la copa, otras incluso murieron. El resultado favoreció competitivamente al agracejo (Phillyrea latifolia), un arbolillo a menudo arbustivo, mejor adaptado a la sequía que la encina. Durante el verano del 2003, una ola de calor extrema afectó de manera similar, aunque con menor intensidad, la vegetación de las áreas rocosas de Sant Llorenç del Munt y propició el incendio de Sant Llorenç Savall y de Monistrol de Calders. Aunque el período de sequía con impacto más intenso y extenso en el conjunto de la vegetación de la comarca de Bages ha sido, por ahora, el del año 2005. Durante el año meteorológico 2004-05, la precipitación llegó sólo a un tercio de la media. Las áreas de encinar afectado por la sequía en Montserrat se extienden, en el año 2005, también por la vertiente umbría. Con la llegada de las anheladas lluvias de otoño, algunas plantas florecieron a destiempo.

Dos imágenes del bosque de Les Marcetes, en Manresa, tras el vendaval del 17.08.03. Arriba, la encina centenaria situada delante de la casa de campo, y que con sus dos metros de perímetro de tronco era la mayor de la zona, arrancada de cuajo por el vendaval. Debajo, varios pinos carrascos destrozados.

Vendavales como el del 10 de octubre de 1987, con una punta de velocidad máxima de 137 km/h en Manresa, y el del 24 de enero de 2009 que afectó toda catalunña, o tormentas como la del 17 de agosto del 2003, con un golpe de viento huracanado registrado en la estación meteorológica de la Culla (Manresa) superior a 170 km/h -el valor máximo de escala del anemómetro-, pueden ocasionar caídas masivas de grandes árboles y, por lo tanto, la creación de claros dónde tendrán lugar procesos de sucesión a pequeña escala. El efecto destructivo del viento queda reforzado si antes la lluvia ha reblandecido el suelo.

Las nevadas, especialmente las de copos grandes y pegajosos como la del año 1986, también pueden producir la rotura de ramas y troncos, especialmente en árboles mediterráneos, poco adaptados a la nieve, como el pino carrasco, el pino piñonero y la encina.

Los materiales arcillosos que predominan en la mayor parte del Bages son susceptibles de fluidificación y dar lugar a desprendimentos cuando, tras largos períodos lluviosos, quedan empapados de agua. Un importante episodio de desprendimentos se produjo después del periodo lluvioso entre finales de septiembre de 1996 y finales de enero de 1997. En las zonas afectadas por desprendimentos se establece un proceso de sucesión similar al de los campos abandonados.

Por otra parte, diferentes impactos ambientales derivados de la acción humana interfieren de manera insidiosa en la sucesión. Por su incidencia especialmente negativa al afectar el suelo además de la vegetación, hay que tener en cuenta el pastoreo excesivo y la circulación de vehículos a motor. El pastoreo retarda o para el proceso de sucesión. Practicado en exceso, puede acarrear una sucesión de degradación y, puntualmente, la desertización por pérdida de suelo. En las cañadas de paso del ganado, igual como en las zonas de paso de motos de trial, este proceso es acusado.

Ver el artículo Pertorbacions, en catalán, de Jordi Badia.

[Florenci Vallès con la colaboración de Jordi Badia y Oriol Oms]