La mariposa isabelina (Graellsia isabelae [= G. isabellae, Actia isabelae]), perteneciente a la familia satúrnidos, es sin duda uno de los más bellos lepidópteros que pueden contemplarse.
La oruga se alimenta de hojas de pino albar (Pinus sylvestris) y pino negral (Pinus nigra ssp. salzmanii) y quizás también de las de pino negro de montaña (Pinus uncinata) en comarcas pirenaicas.
El adulto vuela en primavera. Con sus alas extendidas mide de 8 a 9 cm; se trata por tanto también de una de las mariposas mayores de Europa. Su cuerpo es grueso e hirsuto, de color marrón. Las alas tienen color verde azulado, ribeteadas y venadas de ocre rojizo y con un magnífico ocelo en cada una de ellas. Las alas posteriores se alargan en una cola caprichosa, más larga en los machos que en las hembras. Los machos –como los que muestran las fotos- se distinguen también por sus antenas plumosas para detectar las feromonas de atracción sexual emitidas por las hembras, incluso encontrándose a una concentración en el aire bajísima, homeopática. Las hembras, en cambio, tienen antenas simples.
El área de distribución de la mariposa isabelina es mucho menor que la de los pinos albar y negral y aún constituída por manchas discontinuas. Comprende la vertiente sur de los Pirineos en sentido amplio y englobando gran parte de Catalunya; la sierra de Guadarrama, en el sistema Central, donde fue descubierta; distintas sierras del sistema Ibérico y, finalmente, dos poblaciones reducidas en territorio francés, en las montañas del Jura y de los Alpes Occidentales. Se encuentra en la comarca de Bages donde es rara, aunque quizás sus constumbres nocturnas llevan a subestimar la población. Los tratamientos de los pinares con insecticidas generalistas contra la procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) afectan igualmente la mariposa isabelina.
El descubridor de este bello lepidóptero fue, en el año 1848, el eminente científico Mariano de la Paz Graells (1808-1898), botànico, médico y zoólogo, de quien citaremos solo que fue médico titular del balneario de La Puda de Montserrat en los inicios de su larga y fecunda trayectoria y, años más tarde, uno de los fundadores de la Real Academia de Ciencias. Mariano Graells bautizó la nueva especie como Saturnia isabelae, un espléndido regalo para la reina Isabel II de España. Posteriormente la especie fue rebautizada como Graellsia isabelae, esta vez en recuerdo del ilustre naturalista que por primera vez la describió.

[fotos Jordi Falip (arriba), Marga Serra (izquierda) y Florenci Vallès (abajo)]