El encinar es un bosque formado, fundamentalmente, por árboles y arbustos de hoja más o menos ancha (planifolios), persistente y dura (esclerófilos), que rarament supera los 10 m de altura media. El árbol dominante es la encina con una de sus dos subespecies, la encina de bellotas amargas (Quercus ilex ssp. ilex) y hojas largas, o la carrasca o encina de bellotas dulces (Quercus ilex ssp. ballota), de hojas redondeadas y peludas también por el anverso. La encina de bellotas amargas es característica de las áreas mediterráneas marítimas húmedas o subhúmedas, mientras que la de bellotas dulces lo es de áreas mediterráneas continentales y meridionales de la península Ibérica y del Magreb.

En casi toda la comarca de Bages, la mayoría de encinas deben considerarse como híbridas entre las dos subespecies por sus carácteres intermedios. Pero en el extremo sur predominan las encinas con carácteres de ssp. ilex, es decir, de hojas largas y peludas sólo en el reverso y con bellotas pequeñas y amargas. En el Bages, el nombre vernáculo de carrasca no es conocido popularmente, utilizándose el de encina indistintamente para referirse a una u otra de las dos subespecies de Quercus ilex.

El encinar, visto por fuera, muestra un aspecto uniforme de copas redondeadas de color verde oscuro. Los encinares más extensos y mejor conservados de la comarca de Bages se encuentran en el término municipal de Mura, protegidos por el parque natural de Sant Llorenç del Munt i l'Obac.

La diferencia entre los dos tipos principales de encinar que existen en Catalunya radica en el tipo de encina dominante (de bellotas dulces en el carrascar y de bellotas amargas en el encinar litoral o encinar con durillo) y también en la mayor diversidad de arbustos y abundancia de lianas como la zarzaparrilla (Smilax aspera) y la madreselva mediterránea (Lonicera implexa) en el encinar litoral. Especies com la rubia (Rubia peregrina), el aladierno (Rhamnus alaternus) y el espárrago silvestre (Asparagus acutifolius) se consideran comunes a todos los encinares, en cambio otras, como el durillo (Viburnum tinus), el rusco (Ruscus aculeatus) y el agracejo Phillyrea latifolia) se consideran características del encinar litoral.

El interior del encinar, en especial el del encinar litoral, es denso y oscuro, poco transitable por la profusión de arbustos y lianas, pero ralo en hierba por la falta de luz.

Hasta entrado el siglo XX, la forma más común de explotación del encinar fue el carboneo. De la leña de encina se obtenía el carbón vegetal, que conserva casi todo el poder calorífico de la madera pero con un peso mucho menor. El ciclo de tala para el carboneo era de unos 15 años. En los encinares más extensos se encuentra aún el rastro negro en el suelo allá donde se instalaron carboneras y se observa como del tocón de cada encina vieja se alzan tres o cuatro troncos de tamaño similar. El recuerdo de leñadores y carboneros perdura en el encinar.

En la comarca de Bages, el encinar ocupa sólo extensiones considerables en el sur, en las áreas de relieve intrincado y rocosas de Montserrat y del Montcau y sierra de l'Obac. En las umbrías rocosas constituye el encinar con boj, en el que predominan las encinas de la subespecie ilex que dan cobijo a arbustos diversos con un aspecto selvático. En las zonas más rocosas y soleadas el encinar es sensiblemente más pobre en especies; entonces toma protagonismo el agracejo, un pariente del olivo pero con hojas similares a las de la encina.

En el llano y en toda la mitad norte de la comarca de Bages, la encina es frecuente, pero no el encinar. Encinas y robles comparten el dominio del bosque maduro, con una tendencia general favorable al roble, en especial en las zonas de suelo profundo. Las manchas de encinar quedan relegadas en forma de reductos en zonas rocosas, poco aptas para la agricultura.

Los encinares de Montserrat sufrieron los incendios forestales de los años 1986 y 1994. Al impacto del fuego del 94 hay que añadirle además el de la temible sequía del mismo verano, con una afectación mucho más extensa y de efectos aún patentes en los años del cambio de milenio.

Una vez el encinar instalado, no es fácil echarlo. La prueba está en la vertiente umbría de Montserrat, donde el encinar rebrotó y se desarrolla vigoroso después de resultar casí íntegramente arrasado por el incendio del 1986.

La primera etapa de degradación del encinar permite la instauración de una maquia en la que dominan aún los grandes arbustos del encinar. La rotura y el posterior abandono de cultivos en el dominio potencial del encinar conduce, la mayoría de las veces, como primera etapa a un monte bajo dominado por el romero.

La encina del Vent, en la loma de la sierra de l'Obac

[Jordi Badia y Florenci Vallès con la colaboración de Xavier Adot, Jordi Morató, Ramon Solà y Marc Vilarmau]